Comunidad

Del silencio compartido y la escucha surge una voz común.

Giulia Giacomini

Artista cuya práctica explora el ritual como una estructura viva a través de la performance, la instalación y el sonido. Su trabajo investiga la escucha, la percepción y los estados de atención expandida.
A través de su proyecto performativo e instalativo Desert Oracles, la artista buscó generar experiencias que suspendan la interpretación y abran un espacio entre lo preverbal, lo sensible y la experiencia vivida.

Con el proyecto Desert Oracles, la artista desarrolló su residencia como un proceso artístico que combinó instalación efímera, activación sonora y performance. El proyecto se desplegó a través de constelaciones provisionales de objetos encontrados, gestos y símbolos que se ensamblaron y se integraron en el paisaje, abordando el desierto como un campo operativo de reducción sensorial, suspensión temporal y atención expandida.

El sonido, especialmente mediante el uso de un gong, actuó como elemento de activación, marcando transiciones y modulando la experiencia del espacio. El proyecto se materializó en piezas audiovisuales, fotografías, archivos de objetos y una performance final en el desierto.

Lucie Schroeder

Artista transdisciplinaria que trabaja desde enfoques relacionales y somáticos, inspirada por saberes ancestrales, crip, descoloniales y feministas queer. Su práctica cuestiona la noción de objetividad científica y propone formas subjetivas y encarnadas de conocimiento.
A través de performance, sonido, talleres y objetos, explora las relaciones entre humanos, plantas, animales y territorio.

Durante su residencia en Casa Tamatsi, la artista exploró la relación entre cuerpo, territorio y memoria, conectando paisajes húmedos y desérticos a través de la experiencia sensorial y la práctica artística.

En su proceso integró la escritura y la performance, desarrollando gestos y objetos a partir de materiales naturales y saberes tradicionales. A través de la observación, el movimiento y la escucha del desierto de Wirikuta, profundizó en una investigación que entrelaza arte, sanación y percepción.

Moncaya

Nacida en Madrid y afincada en México, es una artista que se descubre a sí misma a través de su música. En ese proceso, viaja a la hondura del ser para encontrar un sonido propio que silencia el ruido y afina el alma.

Su proceso en Casa Tamatsi se basó en la escucha y la creación a partir de la música del desierto de Wirikuta, de su fauna, flora y gente. A partir de esta exploración, procesó el sonido encontrado para crear pads, percusiones y beats, que utilizó para componer nuevas melodías. De esta exploración nacen canciones como “Canícula” y “Agni Gayatri”, piezas que buscan conectar a sus oyentes con la sinfonía del desierto, reinterpretada a través de los sonidos procesados y la sensibilidad de Moncaya en el entorno natural.

“Casa Tamatsi es un encuentro profundo con la vastedad del desierto. Un espacio que honra el espacio, exterior e interior, con una coherencia difícil de hallar.”

“Llegué sin expectativas. Me fui como una persona nueva, con cinco canciones nuevas, una reserva de inspiración nueva, muchas respuestas y nuevas preguntas, y con nuevas memorias que difícilmente se vayan a borrar.”

Mariana Wheelock

Creadora, gestora cultural e investigadora de Saltillo, Coahuila. Vino a Casa Tamatsi a trabajar en su proyecto Arodoamaeicana un proyecto de búsqueda y entendimiento de la identidad del norte de México. Se manifiesta como una propuesta audiovisual que documenta un proceso personal de volver a conocer el lugar de origen, más allá de los estereotipos y prejuicios que han marcado a la región. Es una exploración para reconocer los símbolos, tradiciones e historias que conforman su cultura y su narrativa; identificarlos, compartirlos y comprender cómo los integramos en la vida cotidiana para tener mayor claridad sobre quiénes somos y reapropiarnos de nuestra historia con orgullo.

“Mi experiencia en Casa Tamatsi fue un punto de inflexión. Allí encontré el tiempo, el silencio y el acompañamiento necesarios para entrar con profundidad en mi proceso creativo. Las conversaciones compartidas, los intercambios cotidianos y la presencia de quienes coincidimos en ese espacio fueron un aprendizaje que trascendió al proyecto.”

”El desierto me permitió afinar la escucha, seguir la intuición y reconocer con claridad lo que mi proyecto pedía. Me fui con mayor certeza, con camino por recorrer y con una comprensión más honda de cómo entrelazar mi proceso creativo con la vida diaria. Agradezco profundamente el cuidado, la sensibilidad y el acompañamiento de Casa Tamatsi.”

Carmen Triana

Fotógrafa y directora colombiana. Su práctica se mueve entre los mundos de la publicidad, el editorial, el lifestyle y los proyectos personales, trabajando entre Bogotá y Berlín. Reconocida por capturar emoción y presencia, su obra tiende puentes entre la narrativa y la poesía visual.

”El desierto me llamó para transformar un duelo. Esta residencia fue transformadora y terapéutica. No tenía un fin claro; hoy siento que fue una iniciación. No había destino: el viaje en sí era la obra.”

”Fueron dos semanas intensas. Aún sigo digiriendo y procesando lo vivido. Una experiencia mágica, retadora y profunda. Estoy agradecida con el desierto y con Casa Tamatsi por este tiempo que sigue expandiéndose dentro de mí.”

La Forma del Regreso

Investigación audiovisual y performatica sobre cómo se vuelve a uno mismo cuando uno se ha perdido: Este proyecto nace como una iniciación, un tránsito entre dos estados de mí misma. Llegué al desierto después de una ruptura, sintiendo que algo en mi cuerpo se había desacomodado. La Forma del Regreso fue el espacio donde esa pérdida se convirtió en portal. A través de acciones simples contar piedras, cubrirme de barro, caminar con los ojos cerrados, barrer cenizas fui atravesando ese umbral. Nada estaba quieto, yo tampoco. Había algo moviéndose todo el tiempo en la tierra, en el aire, en mi respiración. Este proyecto no registra una historia de amor, registra el momento en que una forma se deshace y otra empieza a aparecer: Es un pasaje, un umbral que todavía estoy atravesando.

Alejandro García, Inefable

Inefable es el seudónimo del artista mexicano Alejandro García. Su obra más relevante es la serie “Cocotitlán: corazón de maíz”, la cual es un acervo pictórico de las labores del trabajo agrícola para la siembra del maíz, calabaza y frijol. Ésta serie abarca paisajismo y retrato.

Durante su residencia pintó la Sierra a distintas horas del día en técnica de óleo sobre tela, para capturar en su paleta las variaciones de temperatura cromática que se manifiestan en la atmósfera. Posteriormente empezó su obra "El olvido de un recuerdo", en la cual integró, en la composición, el paisaje del desierto.

“El contacto directo con el ecosistema del desierto, cada mañana, tarde y noche fueron diferentes y especiales. Al terminar mi estancia, una parte del desierto quedó en mi corazón; su luz, su fauna y sus estrellas. Mi experiencia pictórica en Casa Tamatsi puedo resumirla en haber vivido el paisaje y dejar que el desierto hable a través de mi palabra y pintura.”

Ana Sofia Morales

Ana Sofía Morales es una artista mexicana multidisciplinar originaria de la Ciudad de México, que trabaja entre la acuarela, la joyería y el textil. Su obra nace del agua y de sus múltiples manifestaciones. A través de formas fósiles, transparencias y capas de luz, su práctica explora los límites del cuerpo, la vacuidad y el velo sutil entre lo visible y lo no visible.

Además, combina su exploración artística con su proyecto textil Fata Morgana, una investigación que transforma movimiento, percepción y memoria en kimonos, convirtiendo la intuición y la experiencia sensorial en una práctica que hace tangible lo invisible.


Mares de ciertos

Estudio contemplativo de la tierra que fue agua, del vacío que sólo vacío se vuelve contenedor. Contenedor de la propia reflexión, del silencio y del lenguaje que habla del tiempo sobre el cuerpo.
Llevar el agua al desierto, de volver el mar al desierto.

Vera Edwards es una pintora nacida en California y radicada en Mallorca, cuya obra aborda temas relacionados con la emoción, el lenguaje y los recuerdos de la infancia. Inspirada por su entorno natural en Felanitx, sus pinturas al óleo evocan el paisaje terroso y texturizado de la isla, impregnando su trabajo de una sensación de tranquilidad y conexión con la naturaleza. En sus lienzos crea mundos místicos y paisajes celestiales, escenas personales y universalmente evocadoras.

“La residencia en Casa Tamatsi es una experiencia muy especial. La energía que allí se siente, cargada de una cosmovisión profunda, difícil de poner en palabras. Es algo que se percibe más allá del pensamiento.”

“El polvo del desierto va entrando en ti, lentamente, hasta formar parte de tu propio ser.”

Vera Edwards

”En el desierto, donde no hay distracciones, uno se ve impulsado a entrar en sí mismo. Hoy en día es un verdadero lujo poder desconectarse del mundo de esa manera, volver a la simplicidad del ritmo natural, sentir cómo el tiempo se alarga y se expande. Cada vez que he creado allí, ha surgido algo completamente nuevo en mi trabajo, como si una puerta distinta se abriera cada vez..”

Quentin Jorda

Quentin Jorda es un artista francés, cuya pintura se construye a través de superposiciones y borrados sucesivos.

Trabaja al óleo, a menudo con espátula otrapo, en una materia densa que hace respirar mediante retiradas y reanudaciones. La composición se forma lentamente, a partir de equilibrios frágiles entre formas sugeridas y zonas abiertas.

Cada cuadro se convierte así en un espacio de búsqueda entre el control y el abandono donde la figura puede aparecer, disolverse y volver a nacer de otro modo.

“La experiencia del desierto de Wirikuta fue un momento importante en mi camino. Un paso único en la inmensidad.”

“Reflexiones y deseos se ponen naturalmente en harmonia y el arte sale de allí más sólido, más esencial. En el silencio aparecen las presencias invisibles… Muy pronto, te rodean y te guían hacia lugares a los que entonces evitabas ir… Por fin, yo el “Europeo blanco”, se ha reconectado allí con las fuerzas ancestrales de la Tierra, con su fisonomía, su esencia y, tal vez, con su rostro. Wirikuta es un lugar sagrado, y ser invitado a pintar allí fue un privilegio.”